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BIOGRAFÍA DE JUAN DE GARAY

Cuando se cita el nombre de Juan de Garay, inmediatamente se recuerda su más reciente fundación: Buenos Aires, la ciudad que, junto, a México, se disputaba el honor de ser la mayor metrópolis del mundo hispano. Pero, en honor a la verdad, Juan de Garay, más que fundador, deberíamos decir que fue refundador, pues años después ya se habían puesto los cimientos de la ciudad, aunque el acoso constante de los indios hizo que sus pobladores la abandonasen. Veamos sucintamente lo ocurrido:

El estuario inmenso del Río de la Plata, confundió de tal modo a su descubridor Solís, que creyó había localizado el ansiado paso al Mar del Sur. Tuvo la desgracia de morir a manos de los indígenas cuando reconocía sus orillas, y hasta se dice fue digerido por aquellos indios. Hubo otra expedición, la de Caboto, que decidió internarse buscando al famoso Hombre Dorado, poseedor de inmensas fortunas, y que fue un mito en el que creyeron a pies juntillas los españoles y hasta los franceses.

Lo cierto fue que la Corona española se percató de la importancia del estuario y de sus tierras aledañas y Carlos V otorgó una capitulación a Pedro de Mendoza, en que se le concedía la conquista del Río de la Plata. Este Don Pedro de Mendoza pertenecía a la más linajuda nobleza castellana, pero no tenía madera de conquistador, superador de privaciones y de peligros. Apenas había llegado a las orillas del Río de la Plata, no se sabe si el 2 o el 3 de febrero de 1536, hizo acta fundacional de la ciudad Puerto de Nuestra Sra. Santa María del Buen Aire.

El origen de esta denominación se dice que fue de una promesa de Pedro de Mendoza al hospital de Nuestra Sra. del Buen Aire, de Sevilla, sito en Triana, y perteneciente a la cofradía o universidad de mareantes.

Los españoles comenzaron a reconocer los ríos que desembocan en el estuario, internándose por el Panamá y Paraguay, donde quedaron sorprendidos de la riqueza de la región y facilidad de bastimentos. En el interior, Pedro de Mendoza enfermaba y regresaba a España, muriendo en la travesía; y su fundación comenzaba a ser atacada tan insistentemente por los indios, que la vida de aquellos pobladores se hacía imposible. Tantas fatigas y necesidades pasaron aquellas gentes, que decidieron, al cabo, el abandono de la ciudad, quemándola antes (1541), y los supervivientes marchan hacia el interior, hacia Asunción, la actual capital del Paraguay.

Allí, en el fondo de la selva, vivía próspera la ciudad caracterizada por la tremenda libertad en que vivían los conquistadores, que si hacían migas con los guaraníes, mejor las hacían con sus mujeres, dando lugar a un fecundo mestizaje. Sin embargo, no todo era paz y lujuria. La ambición del mando, del control de aquella Babilonia (como la denominaban los misioneros escandalizados de lo que veían) fue motivo para que siempre hubiera conspiraciones y sublevaciones para mandar aquella Asunción de tantos perdonables pecados.

Así; hubo una serie de gobernadores: Salazar, Izaba, Cabeza de Vaca, Izaba - otra vez -, Gonzalo de Mendoza, Ortiz de de Vergara, etc. Mientras desde España, se enviaban gobernadores que no llegaban a su destino. Sabedor el gobernador del Perú, Lope de Castro, por las noticias de los desmanes que ocurrían en el Paraguay, decidió nombrar a Juan Ortiz de Zárate gobernador del Río de la Plata, con el requisito de la conformación de la Corte (1567).

Y aquí hace su aparición, por fin, nuestro fundador, Juan de Garay, originario del casería de Garay cerca de Orduña en Vizcaya, donde nació en 1529. Muy joven, con quince años lo vemos ya en Lima, capital del Virreinato peruano, junto a un tío suyo, Pedro de Zárate, oidor de la Audiencia. Sus primeras armas las hizo en la decisiva batalla de "Sacsahuana". A partir de entonces vemos a Juan de Garay tremendamente activo, participando en las tareas de pacificación y colonización, tanto en tierras chilenas, como tucamanas, del altiplano boliviano, etc... No se puede decir que Juan de Garay sea el arquetipo del conquistador, que avasalla a todos los que se oponen a sus designios. Juan de Garay es el hombre de la pacificación, el creador de la nueva América, procurando que el indígena se incorpore a la nueva sociedad, piénsese que están en plena vigencia las Nuevas Leyes, de franca protección al indígena, como no ha hecho otra nación en el mundo.

La obsesión de Juan de Garay fue poblar, fundar estos pueblos y ciudades pues aparte de Buenos Aires, se cuentan una docena de poblaciones. Por un parentesco con los Zárate, será nombrado Alguacil Mayor de la Gobernación del Río de la Plata (9 de abril de 1578), cuando se encuentra en Chuguijaca, Bolivia. Tras una penosa travesía llegará a Asunción, donde es recibido con recelo. Tras unas expediciones sin importancia hacia la Amazonia, Juan de Garay se dispone a reparar el inmenso dislate del abandono de Buenos Aires, y, por otra parte, concluir con el aislamiento y soledad de Asunción.

Todos están de acuerdo en la necesidad de contar con un apoyo en la desembocadura del Río de la Plata, y un buen día Juan de Garay, con los futuros pobladores, salió de Asunción a bordo de la carabela San Cristobal de la Buena Ventura, y dos bergantines, y a los pocos días, el 11 de Junio de 1580, se celebraba la segunda fundación de la ciudad de Buenos Aires, con todas las solemnidades de rigor que demanda el acto.

 

Y Buenos Aires comenzó a crecer, aunque poco lo vio nuestro Juan de Garay, pues poco después, un 20 de marzo de 1583, su campamento a orillas del río de las Palmas era sorprendido, y Juan de Garay moría a manos de los indios.

Texto de Don Roberto Ferrando